sábado, noviembre 29

IV

Como lo benévolo del pensamiento es aquello con lo que crecemos
De una u otra forma material y espiritual,
He de referirme a lo más sencillo
Y más claro posible en este cuarto libro:
Hay personas a quienes nunca pude o podría olvidar;
Entre estas personas te encuentras tú:
El simple nombre del cual no
Lograre zafarme así pasen cien años. 
Se afirma que el amar es proclive a la desilusión
Al odio y el resentir:
Con vos no logré llegar a sentir
Aquello que desvela a los amantes,
A los falsos poetas y a los locos suicidas:
Amor, odio, celos, envidia, cariño.
Todas las palabras que se reducen a resumir
Aquello que aún no logro definir. 
Del porqué otro libro es un razonamiento abstracto
Del cual me lleva a tal dádiva.
Si bien eres importante en algún momento
O lugar de mi vida: ahora sólo queda 
El desesperado camino de buscar fondo al abismo
Del cual vi siempre bordeando la rampa hacía el oscuro fondo de tu cuerpo inalcanzable. 
Te quiero tanto hasta para destruir los sueños ya edificados,
Supongo que aquello es crecer, entender que lo nuestro
No ha pasado de un simple sueño;
Y que el olvido es posible solución 
Ante el conflicto que reinvento:
Mi desorden psicológico ante la estructura social en la que convivo. 
Y si por casualidad algún día llegase 
A preguntar de una manera tangible; 
Me dedicare a responder que estas nuevas letras
No son más que el escondite dentro del sombrero
Del mago que se ha cansado de inventar arte: 
Tanto sea la hora de materializarte 
Más pronto llegar a olvidarte.
Demás está decir que las letras 
Escritas a tu nombre son en destinatario silencioso; 
Es un acto de valentía emprender el olvido y el
Reencuentro por ti y por tus ojos
Que son sólo tuyos, solo tuyos mi vida. 

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