sábado, mayo 11

Aquel lazo


Aquello, lo nuestro, quedo inmerso en el reflejo de tu sonrisa
Y en aquel abrazo de esa tarde noche.
Hay veces que me pregunto
Por qué ya no suelo escribirte;
Y al parecer, todos los recuerdos
Y concepciones realizadas sobre tu silencio,
Me ha de indicar que es por aquella distancia
Que nos atañe hace ya algún tiempo.
No deseo entrar en guerras
De las cuáles no saldré bien librado;
Pero, si bien los días ya transcurren
En el proceso de transformar aquello entendido como realidad,
Y las fuerzas, depositadas
En aquel ínfimo deseo del cambio en general,
Intentar sesgar todo aquello
Que representas para un escriba cualquiera,
Es negarte, y de paso negarme aquella posibilidad
De volar, por lo menos un instante
Con estas: curas para el alma caminante.
Por ello,
Dulce Maga perdida en un rincón de mis recuerdos;
Este recado, no es más que el reivindicar
Aquel lazo que até a la estrechez de tu cintura
En el sueño de un infante
Que te veía con una chaqueta de color gris
Junto a tu sombrilla japonesa, la cual también describí
Cuando te divisé bajo aquella lluvia incesante.
Un recordatorio de ese lazo que se desata de poco a poco, despacio,
Pero que trato de ajustar como lo poco que nos queda.
Y ante todo,
Aquel lazo que representa tu esencia,
Una remitente de tantas letras sin sentido,
De tantas letras caminantes,
De tantas letras irracionales...
Y aún después de los días,
De las semanas y meses que conlleva ya tu partida,
El deseo de escribirte aun me llama,
Y sólo acepto su condición que es muy sencilla: olvidarte.
Después de todo,
Eres Maga,
Y a las Magas, hay que adornarles siempre con Arte.


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