miércoles, diciembre 7

Tren de los Momentos II


Perder para ganar;
Fórmula que el perdedor emplea como consuelo,
Ante la retractación de sus propios hechos.
Son pocas las veces que escribo con la razón
Y el corazón a la vez;
Porque las letras se desvían
Ante aquellos sueños que duermen en esta poesía;
Pero no los despiertan, nadie logra despertarlos.
Por ello, se suele vagar por caminos, por idas, por calles;
Encima de carrileras de destinos ajenos, propios,
De destinos que buscan ser eso mismo: destinos.
El Tren de los Momentos II
Es una metáfora más, es una perdida más.
Obtuve lo más grande, y le dejaré ir.
¿Por qué?
¿Por qué te vas, dulce silencio con sabor a tabaco?
¿Por qué te vas?
No me respondas, porque te terminaría creyendo.
Un día me aseguré que llegaría el momento
En que debería estar quieto
Para no interceder más en la vida de los sujetos.
Pero es tan difícil,
Es tan difícil vivir y dejar vivir,
Es tan difícil cargar con este peso.
No diré nada, no molestare a nadie.
Mi silencio será la carta de presentación,
Y no me importa lo solitario que suene eso,
Porque siempre existe alguien que me cuida
Aunque sea a distancia, aunque sea en silencio. 
“Tan sólo me iré, a buscar otro lugar”
Como diría aquel poeta.
Me iré a ningún lugar
Para encontrar la nada de lo total.
Estaré allí, como de costumbre, pero sin existir;
Sin pensar en cómo ven esto y aquello,
Ya que pienso en cómo las personas toman un escrito u otro,
Y aquello me quita lo más valioso: mi libertad de escribir lo que deseo escribir.
Por eso tan sólo seguiré rayando, garabateando;
Extrañando esos ojos, extrañando esa frase
Hasta cuando me revele definitivamente ante el sublevado noveno cielo.
Además,
“El Tren de los Momentos mira viene y va,
Mira viene y va”



No hay comentarios.:

Publicar un comentario